La piedra derrama su cansancio salpicando de silencios el paisaje.
Ahonda en los fogonazos del tiempo y de la sed con su sombra.
La piedra.
Y es el venablo, el venero, la garganta de palillos, la mustia caja.
LLenando los hoyos, abriendo las compuertas de la calma y la pez.
La piedra.
Le espuma de los días que escupió la sabiduría del forcejeo apesta,
gira, gira,
y rompe el alma con el esputo de una mirada secreta.
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