14.9.09

CAFÉ

Ese día me tocaba moler café en una máquina Jata sucia de polvo requemado torrefacto especial. Para empezar di un buen corte con unas tijeras a una bolsa de doscientos cincuenta gramos de color rojo con vagos de café pintarrajeados de negro por todas partes. Fui a verter granos en la máquina trituradora de mano o de bolsillo o como se diga, cuando intentando destripar un puñado de vagos pegados entre ellos se me fueron al suelo diez o doce que dejaron moteado de negro el suelo blanco con rectángulos de la cocina. Al agacharme a rebuscarlos de u no en uno, es curioso lo distanciado s y repartidos por toda la cocina que se encontraban unos y otros después de haber rebotado con sonido de cáscaras rotas de huevo por todas partes.
Sentado en la silla redonda de patas cuadradas tan moderna ella, volví a flexionar las rodillas y a agachar el cuerpo con tan mala suerte que al coger un gránulo me di en el plexo solar con la mesa también de diseño, poniendo a la vez en funcionamiento la máquina eléctrica moledora de café.
Para no caerme empuñe con las dos manos la mesa pero con tan mala suerte de nuevo que agarré la máquina de moler café por las aspas en funcionamiento. Un brebaje pardo-rojizo me salpicó la cara formando meandros entre las cerdas de mi barba morena. La máquina no debía de tener mucha potencia pues aquietó su frenesí con la inercia de mis dedos y de mi cuerpo, eso sí, las asas, diminutas pero rabiosas, casi seccionan tres dedos de mi mano izquierda.
Estando en la terea, suena el teléfono y al unísono, el bote de cristal que debía abarcar el café molido, cae al suelo resquebrajándose entre las “efes” de Coffee (Coffee en inglés significa “ café”, si lo sabré yo…) de arriba abajo.
-Qué mala suerte, pensé, acabo de fregar el suelo bien fregado con mistol del caro y para una vez que me pongo a ello se me resquebraja la maldita cafetera.
Y el teléfono que no para de sonar, con el asco infinito que me procuran estos dichosos artefactos:
-Sí, pero el tuyo es un DOMO, casi con las mismas prestaciones que el PC de tu casa.
-Por el ano te lo metes, me contesté a mí mismo propiamente, mirando el estropicio de la cocina mientras relamía mis magullados dedos.
Me acerco al salón circulando por el inacabable pasillo vacío de cuadros, descuelgo el teléfono y lo sabía, acababan de cortar la comunicación al otro lado de la línea.
-Cuanta basura, me grito mirando de reojo los cristales del aparador del salón en donde se reflejaban mi rostro y el medio kilo de gomina de mi cabello.
-Pues ha de ser verdad eso de mi mirada y mi pelo.
¿Quién me llamaría a las cinco de la mañana? También son ganas, no te jode el tío.
Antes de casarme no me pasabas estas cosas, la culpa de que no esté amargado mirando lo calvo que me voy quedando, es del café.

Publicado por Guillermo Jiménez.

1 comentario:

  1. a ver "cafe en el campo" que alegria que te incorpores al fin por estos mundillos blogueros, voy a aprovechar y ya que estas de vacaciones (que esta bien que pasees) puedes ponerte manos a la obra y escribir in situ, sin intermediarios jajajaja. bueno voy a dar una vuelta por otros blogs que este tuyo ya me lo se de memoria, jejeje. bsos. nos vemos.

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